Séptimo en la lista K, Carlos Kunkel refutó ayer a Martín
Insaurralde, cabeza de la boleta que, excepto un vendaval, le garantizará otros
cuatro años de blindaje como diputado. El exfuncionario de Florencio Varela,
padrino de Juliana Di Tullio, juzgó imposible que el FpV vote un texto para
bajar -a 14 años- la edad de imputabilidad de los menores, idea que deslizó el
candidato solidario.
Por radio, Kunkel dijo lo que el viernes último Di Tullio le
gritó en privado en la cara al top de la boleta que ella secunda, luego de
considerar "de facho" su propuesta. La charla, como contó este
diario, estalló en reproches: el alcalde dijo que lo dejaron solo y que, por
esa razón, no consultará nada más.
De ese modo, Di Tullio y Kunkel bombardean al principal
candidato K que, en el cadalso, se refugia en el único paraguas que se abre
para él: el de Daniel Scioli.
En su peor hora, la campaña kirchnerista mutó en novela de
enredos donde candidatos visibles y autorizadas de la lista cuestionan a su
propio candidato mientras Scioli, que no pudo "cobrar" en esa boleta,
la defiende.
Apenas 70 días atrás, Di Tullio se abalanzó sobre la yugular
del gobernador. "Tendría que salir a aguantar los trapos", le dijo,
para reclamarle que defienda a la Presidente.
La instantánea de estas horas muestra otro cuadro: Di
Tullio, Kunkel y Diana Conti -también Juan Cabandié, el único camporista con
visibilidad en la campaña oficial- desautorizan a la figura que Cristina de
Kirchner bendijo como fronting del "modelo K" en la provincia mientras
un desclasado, acusado de tibio por los ultra-K como Scioli, se transformó en
el lazarillo que varea a Insaurralde por toda la provincia.
Leyenda
Una leyenda kirchnerista, con un dejo de romanticismo, reza
que Insaurralde fue un concurrente asiduo a Olivos en los últimos tres meses de
vida de Néstor Kirchner, quien elogiaba sus destrezas y su perfil de
"nuevo peronista".
Su entronización como candidato fue un enjuague de Cristina
de Kirchner pero -sobre la base de la leyenda- se presume que, al igual que en
la designación de Gabriel Mariotto como vice de Scioli, la Presidente escarbó
en la memoria política de aquellas épocas y en las preferencias del
expresidente.
Ayer, un dirigente K esparció el rumor de la supuesta
decepción de la Presidente con su candidato bonaerense a quien solía llamar
"nuestro Massa" no sólo por su condición de intendente joven, sino
porque, como el tigrense, tenía un toque de modernidad mediática de la que
carecen buena parte de las figuras K.
El aislamiento que cuestiona Insaurralde, ayer invitado a la
gala presidencial al paraguayo Horacio Cartes (ver nota en pág. 13), puede
activar una bomba de tiempo: si los movimientos de Kunkel y Di Tullio se
interpretan como un apartamiento explícito de los sectores K, el dato será leído
por los alcaldes del PJ como un permiso para desentenderse de la suerte de la
boleta nacional.
¿Si los ultra-K dejan de aguantar los trapos de Insaurralde,
por qué los intendentes que ponen en juego su superviviencia no van a
sistematizar un corte de boleta para evitar perder el control de los Concejos
Deliberantes?
A veces errónea, la tendencia a leer a Kunkel como gurú del
pensamiento K es reveladora en otro aspecto: aunque degolló en público la
propuesta del lomense, fue concesivo y hasta elogioso con Alejandro Granados,
intendente de Ezeiza a quien Scioli nombró ministro de Seguridad, fan del pistolerismo.
Algo cambió. En junio, apenas Insaurralde surgió como
candidato, Kunkel reunió a su Peña Peronista en Lomas, se anticipó a los
intendentes que recién 20 días después hicieron lo mismo para respaldar al
candidato. En esa cena, Scioli le hizo una picardía a Julián Domínguez: lo paró
a su lado en la foto "familiar" y lo presentó a viva voz como el jefe
de la campaña en el interior de la provincia.
Por: Pablo Ibáñez
Ambito Financiero
No hay comentarios:
Publicar un comentario