(Nota publicada en el periódico "El Progreso" edición octubre 2015)
En nuestra edición del pasado mes de enero publicábamos una nota bajo el título «PRUEBA DE AMOR, UN MATROMONIO VARELENSE ADOPTO A CINCO HERMANITOS», la misma despertó mucha aceptación entre nuestros lectores, quienes se preocuparon en saber cómo continuaba la historia-
En aquella oportunidad comentábamos que: un matrimonio varelense viajó a Misiones para agrandar su familia. Los niños tenían entre 2 y 12 años y vivían en el hogar San José Obrero.
Claudio Boccalon y Mariela Rzepeski, viajaro a Posadas para adoptar a los cinco niños unidos por un lazo de sangre eterno. Ella es pediatra y él es contador. El sueño de convertirse en padres está latente en sus vidas hace bastante tiempo, incluso fueron a Estados Unidos para someterse a tratamientos médicos.
EL MATRIMONIO REPRESENTA
UN EJEMPLO DIGNO DE IMITAR
En estos días, tras nueve meses de tenencia, a Claudio y Mariela la justicia le renovó la guarda tutelar de los niños y lograron consolidarse como familia
«Nos cambiaron la vida al ciento por ciento, es mucho trabajo, estamos aprendiendo, pero muy contentos». Mariela Rzepeski sintetiza los primeros nueve meses de la familia que se hizo numerosa repentinamente y que forma junto a Claudio Boccalon y los cinco hermanitos misioneros que cuidan en guarda tutelar. Ya los sienten como hijos propios, por lo que en diciembre próximo esperan dar el primer paso rumbo a la adopción definitiva.
Para ello faltará bastante tiempo (no antes de mediados de 2017), pero la decisión está tomada y los chicos continúan adaptándose a su nueva vida varelense con rapidez, quizá con la urgencia de recuperar el tiempo en que debieron convivir en hogares para menores en situación de vulnerabilidad. Ya les dicen ‘mami’ y ‘papi’.
«Hay que cumplir etapas. Estuvimos el mes pasado en Posadas y está todo muy bien, pero el proceso lleva tiempo. Los chicos están bien. Llevamos nueve meses y el balance es hermoso», dijo la mamá en diálogo con este medio, vale recordar que Mariela es médica pediatra.
Los cinco chicos estuvieron seis meses en el Hogar San José Obrero, de la Fundación Tupá Rendá, desde donde se establecieron las conexiones. Antes padecieron varias dificultades en el luego clausurado El Refugio.
La abogada del foro local Nora Ran, quien meses atrás se sumó como asesora de la fundación, detalló la situación de Mariela y Claudio: «Tienen una guarda tutelar, se la renovaron en junio por seis meses más. Ahora vamos a hacer el trámite de la guarda con fines de adopción. Esa guarda por el nuevo Código Civil es por seis meses y ahí ya iniciaríamos el tema de adopción.
UN HISTORIA DE NOVELA
Rzepeski asegura que la historia de su familia «es para escribir un libro». Ella y su marido, contador de profesión, llevan 24 años juntos, 17 de ellos casados. Por más de una década intentaron procrear con tratamientos y luego se inscribieron en el registro de adoptantes de Quilmes en dos ocasiones, pero no los llamaron.
«Nos enteramos de la posibilidad de adoptar un nene grande en Misiones, estábamos decididos, viajamos con la intención de conocerlo y jamás nos imaginamos que íbamos a volver con cinco. El primer día conocimos a Julio, el mayor, después nos proponen a dos más, los que le seguían, dijimos que sí y después nos propusieron que sean cinco y dijimos que sí. Cada día superaba la emoción del día anterior».
Hoy Julio tiene 13 años y asiste a primer año del secundario. El menor, de tres años y medio, asiste a un jardín maternal. El restante varón y las dos nenas concurren a la primaria. «Hicimos cinco tratamientos de alta complejidad, el primero hace trece años, la edad del mayor, y el último hará tres años, la edad del menor», compara Mariela con sorpresa.
El día a día de los Boccalon-Rzepeski es todo un desafío. «Los dos trabajamos. Yo estuve tres meses de licencia, todo el verano con ellos en casa. Los límites fueron lo más complicado, entender que ya no estaban en el hogar. Muchos vicios y cosas que tenían que hacer para sobrevivir, la pasaron bien en el último lugar en el que estuvieron, pero muy mal en el anterior», detalla la valiente mamá.
«Permanentemente -añade- nos van contando las cosas que pasaron. Esto nos lleva a amarlos más y comprenderlos más, porque no es fácil, hay días en que realmente es difícil, se pelean por cuestiones de la edad y también por competir por el afecto. ».
Y relata emocionada: «Me sorprende cómo rápidamente nos empezaron a decir ‘mami’ y ‘papi’, ni me lo esperaba. El más grande por ahí me dice ‘tía mami’, no lo dice directamente, pero si tiene que escribir algo sí».
NOS AYUDAN Y NOS DICEN
"QUÉ GESTO DE AMOR"
La vida de Mariela y Claudio se vio revolucionada, pero aunque son los responsables, no están solos. «Tenemos mucha colaboración, hay una persona que viene todos los días, mi mamá viene a ayudar con la comida al mediodía. Tuvimos que adaptarnos en lo económico, gracias a Dios mi marido es un muy buen administrador. Nos arreglamos, tenemos mucha familia que está siempre presente, gastos de ropa casi no tenemos porque son tantas las cosas que les regalan».
En diciembre, cuando recibieron a los menores, el regreso fue con una grata sorpresa: «Cuando llegamos a casa teníamos las habitaciones armadas, los placares llenos de ropa, y durante todo el verano nos llegaban donaciones de ropa, muebles, un movimiento de solidaridad de gente que ni conocíamos, nos decían ‘esto me trae la señora que limpia mi casa para tus nenes, ni te conoce pero está identificada con la historia’».
«Recién a la salida del colegio crucé la calle para comprarles un juguito a cada uno, yo no puedo parar de contarlo, y el señor del kiosco me dice ‘qué gesto de amor’. Me doy cuenta de lo que genera en los otros».
Periódico EL PROGRESO

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