La división del bloque del FpV en la Cámara alta surge como una señal de la puja entre los K y el peronismo
No parece ser casual. Ni puede ser leído como una mera puja por el reparto de espacios de poder tan típica de los ámbitos legislativos. El episodio que terminó con la sonora ruptura del bloque de senadores del Frente para la Victoria esconde otras cuestiones y podría ser el anticipo de las peleas que se vienen dentro del peronismo.
De un lado quedaron La Cámpora y un puñado de aliados. Del otro, legisladores que responden a pesos pesado del Conurbano, a Julián Domínguez y al sciolismo. Unos se seguirán denominado Frente para la Victoria; los otros, Partido Justicialista.
La divisoria de aguas es, en rigor, lo que parece amanecer en el peronismo tras la derrota electoral de octubre en la Provincia, transformada en una crisis más profunda luego de la caída de Daniel Scioli en el ballotage frente a Mauricio Macri.
De un lado, el ultrakirchnerismo se abroquela. Del otro, distintos sectores del peronismo se aprestan a organizarse y a pelear espacios de poder, un pataleo vedado durante años por el poder omnímodo que surgía de la Casa Rosada.
Estos primeros movimientos parecen conducir a una pelea que ya despunta: el control del peronismo bonaerense. Todo, en medio de profundos pases de factura del que tampoco sale indemne el propio Scioli.
Una reunión que se llevó a cabo hace algunas horas dejó al descubierto ese malestar. Varios alcaldes, entre ellos Fernando Espinoza, alzó la voz contra La Cámpora. Incluso, hay quienes le adjudican un intento por desplazar a Wado De Pedro como uno de los apoderados del PJ bonaerense.
BRONCA ACUMULADA
La inquina del matancero contra los camporistas no es nueva. Cerca del todavía intendente del más populoso distrito del país responsabilizan a sectores de La Cámpora de haber incidido en el resultado electoral que terminó con la victoria de Aníbal Fernández en la primaria del FpV.
Espinoza hizo tándem con Julián Domínguez en aquella fórmula que perdió por un canto de uña contra el jefe de Gabinete nacional. Y nunca terminó de digerir ese traspié embarrado, entre bambalinas, por sospechas de todo tipo.
Ahora, la idea de no pocos intendentes es hacer valer el peso territorial de los que se pudieron salvar de la ola amarilla de Cambiemos. Y que de allí surja el futuro presidente del peronismo provincial sin interferencias de los ultra K.
Scioli aparece en el radar de estos alcaldes. Hay quienes resisten la idea de que el actual gobernador sea presidente del peronismo provincial, un galardón que anhela el ex candidato presidencial en busca de remontar su carrera política tras el ballotage.
Para el sciolismo, la idea es armar una estructura de poder propia en la Provincia. Y el control del peronismo surge clave en ese objetivo.
Pero además, trabaja en la articulación de un esquema con intendentes jóvenes como Mariano Cascallares (Almirante Brown), Gabriel Katopodis (San Martín), Ariel Sujarchuk (Pilar) y Gustavo Menéndez (Merlo), entre otros.
RESISTENCIA
Estos movimientos no encuentran unanimidad entre los intendentes. Algunos como Julio Pereyra (Florencio Varela) o Alberto Descalzo (Ituzaingó), parecen surfear una posición intermedia.
Otros como Jorge Ferraresi (Avellaneda), se muestran cercanos a La Cámpora. De hecho, su esposa Ada María Sierra, presidirá el bloque del FpV que aglutina además a Sergio Berni y el sabbatellismo.
Espinoza y otros intendentes buscan hacer valer sus triunfos para quedarse con el peronismo provincial.
Por el momento, hay alianzas tácticas. El matancero confluyó con legisladores cercanos a Domínguez, a Florencio Randazzo y al sciolismo en la estrategia legislativa de no dejarse atropellar por las intenciones camporistas de “quedarse con todo”.
En Diputados, por caso, la ruptura se evitó sólo porque el camporista Ottavis dejó espacios de poder para el dominguismo (Walter Abarca) y el randazzismo (Marcelo Feliú).
En el Senado, en cambio, la falta de acuerdo rompió la unidad y arrancó un cruce de acusaciones. Hay quienes dicen que la propia Cristina Kirchner ordenó a los camporistas resistir.
El Día - La Plata
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