La balcanización del espacio opositor, a menos de dos meses de haber asumido el nuevo gobierno, aceleró la aparición de un nuevo oficio, el de maquiavelo de salón. Cada gesto y cada palabra de los dirigentes cae bajo el microscopio de estos maquiavelos y son interpretados en función de escenarios imaginarios que vaticinan la fortuna o la desgracia del peronismo. Esta semana corta y carnavalesca va a dar materia para estos analistas aventurados que imaginan trayectorias luminosas y ocasos dirigenciales para un lado y para el otro.
El miércoles, pasado mañana, Jorge Capitanich junta a más de cien intendentes de su partido en Resistencia, para lanzar una liga de intendentes como la regeneradora de la red que ocupó desde los años '80 la liga de gobernadores, como eje vertebrador del PJ nacional, hoy baleada por la derrota masiva del año pasado.
Logró ese compromiso después de algún chisporroteo con el jefe de la FAM (Federación Argentina de Municipios), el alcalde de Florencio Varela Julio Pereyra, que no tiene hoy nada de cristinista, algo que se le atribuye mucho al ex gobernador del Chaco. Lo superaron en encuentros discretos de la semana pasada - uno de ellos después de la reunión de la mesa del peronismo en la calle Matheu - y el resultado de la cita que se viene, puede ser el primer entendimiento entre la ortodoxia pejotista bonaerense, que representa Pereyra, y el cristinismo residual de Capitanich. Los fuerza la necesidad de mostrar algo que el público - y los maquiavelos de salón - le reclaman al peronismo, que es algún freno a la dispersión de fuerzas.
Pereyra expresa un rechazo al formato cristinista, en nombre de la necesidad que tienen los dirigentes territoriales de convivir con la agenda del gobierno macrista. Capitanich está lejos de reivindicar hoy la conducción de Cristina de Kirchner, pero se aparta de lo que cree es un peronismo exageradamente negociador con el nuevo Estado.
diarioveloz.com
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