lunes, 12 de septiembre de 2016

La experiencia del Ciclón quebró el vigor de Defensa

En Florencio Varela, San Lorenzo obtuvo un importante triunfo por 2 a 0; recuperó la confianza a partir de la seguridad de Torrico, la lucidez de Belluschi y la eficacia de Blandi
A veces el grande es el que gana y se queda con la última palabra. Y el chico no lo puede evitar. A veces el poderoso expone de golpe la diferencia de jerarquía, aunque sea desde lo individual, y liquida la cuestión. Entonces suceden cosas como las que sucedieron esta vez en la cita entre Defensa y Justicia y San Lorenzo, a la que los unos y los otros llegaban entrelazados por la necesidad. Pero claro, la impaciencia suele ser mayor por Boedo que por Florencia Varela.

Y la caída por 2-0 en la ida frente a Banfield por la Sudamericana había destapado murmullos de disconformidad alrededor del equipo de Diego Aguirre. En este sentido, la revancha de pasado mañana, de local, viene con su buena dosis de presión. Encima el debut en el torneo doméstico, aquel 2-2 frente a San Martín de San Juan, en el Nuevo Gasómetro, había dejado tarea para el hogar. Las incomodidades habían invadido el aura de San Lorenzo, era evidente.

Por si acaso, si bien no había sido pedido por el entrenador, el retorno al club -sobre el cierre del libro de pases- de Gonzalo Bergessio pareció confirmar las alarmas que habían sonado en el inicio de la temporada. De última, lo que abunda no daña, suelen decir las instituciones con billetera abultada.


Pero Bergessio no hizo falta. Ni fue al banco. San Lorenzo se las arregló para volver a sonreír a partir de la seguridad de Sebastián Torrico, de la movilidad de Sebastián Blanco, de la lucidez de Fernando Belluschi y de la capacidad goleadora de Nicolás Blandi, que llegó a 15 tantos en el año, 11 más que sus más cercanos perseguidores dentro del equipo (Belluschi, Ortigoza y Cauteruccio).

Sin embargo, el 2-0 que cerró Tomás Cardona en contra, es de aquellos resultados que dejan unas cuantas enseñanzas. La primera es la que brota de las palabras del propio técnico de San Lorenzo, cuando destaca "la personalidad" de su equipo "para imponerse en momentos difíciles". Eso es jerarquía, claro. Pero hay más enseñanzas. La segunda indica que no conviene encarar los análisis exclusivamente a partir de los resultados: suelen ocultar varias verdades.

Es que a veces los chicos también enseñan. Y mucho. Y es el caso de este Defensa y Justicia de Ariel Holan, que ya hace un año revolucionó el ambiente con sus métodos, que no son otra cosa que convicciones. Este técnico que empezó hace 20 años en el mundo del hockey y en 2003 fue analista de videos del Arsenal de Jorge Burruchaga, abrió las puertas de ese fútbol profesional al que no pudo llegar como jugador, cuando soñaba con ser lateral derecho en las inferiores de Banfield. El que se recibió de Maestro Nacional de Educación Física, con "postgrado en Harvard", tal como llamó alguna vez a su ciclo en el River de Almeyda en la B. El que se nutre de GPS y drones para mejorar la calidad de cada ensayo en el que pregona el juego por abajo, asociado, intenso, en el que "el equipo encuentre placer al funcionar". El martes, mientras la Argentina jugaba con Venezuela, el prestigioso profesor Alejandro Kohan dictaba su clase habitual en la Universidad Nacional de La Matanza para aquellos que cursan la licenciatura en Educación Física. Su presencia en el club es otro de los lujos que se está dando Defensa y Justicia.

Con un plantel de 22 años de promedio (al que acaba de sumarse Jonás Gutiérrez, de 33), acaso pagó sus pecados de juventud el equipo de Holan, que se impuso en la posesión por 65% a 35% ante un San Lorenzo con una media de 31 años y una eficacia de esas que otorga la experiencia.

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