jueves, 6 de octubre de 2016

Franco Casco: dos años sin imputados


10387708_529749110494563_2238837372547282338_n

Se cumplen dos años de la desaparición y asesinato de Franco Casco. Esperan que pronto llamen a indagatorias a los policías involucrados. Por otro lado, la responsabilidad política está en la mira.
“La versión de la Comisaría 7ma está llena de incongruencias y nosotros lo que vamos a hacer es tratar de demostrarlo, después del llamado a indagatorias, en una etapa de juicio y obviamente reforzar con nuestra teoría del caso con las pruebas que tenemos, que son suficientes”, dice Nicolás Vallet,
abogado querellante en la causa que investiga la desaparición forzada y asesinato de Franco Casco. Se cumplen dos años de aquel hecho y los avances en la causa, al momento, son nulos. No hay imputados, aunque se espera para los próximos días el llamado a indagatorias al personal de la comisaría implicada en el hecho y no se descarta la participación de otros actores por fuera de la seccional. El caso Casco fue el primero de tres hechos en los cuales jóvenes de barrio populares fueron hallados sin vida en el río Paraná en la zona de Rosario en término de 25 meses, y por lo cual se apunta a la policía como responsables.

Franco Casco tenía 20 años y vivía en la localidad bonaerense de Florencio Varela, pero había estado de visita en Rosario, en casa de una tía en el barrio Empalme Graneros. El 6 de octubre quiso volver en tren a Retiro, donde lo esperaría su madre para recibirlo. Pero no llegó, y desapareció. En Rosario. En la zona de la estación de trenes de Rosario Norte. En la zona que también es jurisdicción de la Comisaría 7ma. Y ahí fueron los padres de Franco unos días después de la desaparición, directamente a la Comisaría, donde le dijeron que el chico había estado detenido, pero que había sido liberado el mismo día. La búsqueda, de la mano de la familia y un grupo de organizaciones sociales y políticas, se extendió por veinticinco días hasta que Franco fue hallado sin vida en las aguas del río Paraná a la altura de la Prefectura Naval. Al poco tiempo, un examen de diatomeas, que detecta algas en cuerpos que mueren por sumersión, comprobó que el joven había sido arrojado al agua sin vida.

Actualmente la investigación se realiza en el juzgado Federal, con el juez Carlos Vera Barros y el fiscal federal Marcelo Di Giovanni a la cabeza. Además hay tres querellas trabajando: los abogados de la Asamblea por los Derechos de la Niñez y la Juventud en representación de la madre del hijo de Franco y de la hermana del joven, la Defensoría de la Nación que patrocina al padre de la víctima y por su parte la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. “Es una causa muy pesada para abarcar todo en tan poco tiempo. Por más que para la sociedad parezca mucho dos años, para una causa tan pesada, donde muchos elementos de prueba hay que producirlos en otro lugares del país, como Salta, Buenos Aires o Córdoba, es muy poco tiempo. Y se ha hecho mucho en muy poco tiempo”, analiza Vallet, abogado de la Asamblea.

Hasta el momento pareciera que sobre los hechos continúa primando la versión policial. Los policías de la Comisaría 7ma, apuntados como responsables, están libres y cumpliendo sus funciones. Se espera que sobre ellos, específicamente todo el personal de guardia durante el 6 y 7 de octubre, caiga el primer llamado a indagatorias. Desde la querella atribuyen el estancamiento de la causa a la profunda investigación que se debió encarar, prácticamente desde cero, cuando la causa quedó en el fuero Federal. Porque mientras estuvo en la justicia provincial, el Ministerio Público de la Acusación no cuestionó la versión de la policía y dejó pasar los primeros días -fundamentales para la recolección de pruebas- sin realizar ninguna medida de investigación. Y porque, aseguran, la policía plagó de irregularidades los primeros pasos de la investigación, dificultando el proceso que continuó en el fuero Federal.

Dos versiones

A saber, hay dos relatos sobre los hechos, que tienen una diferencia sustancial en la fecha en que ocurrieron. Para la policía -tal como consta en el expediente y en las declaraciones del personal de la 7ma tomadas en el marco de audiencias de habeas corpus realizadas en octubre de 2014- la detención de Franco ocurrió el 7 de octubre a las 13.45. Según este relato, Daniel C., un vecino de la zona que referente del pedido de seguridad en el barrio Luis Agote, llamó al teléfono celular del comisario Diego Álvarez porque sospechaba de dos personas que caminaban por la calle. Fue entonces que el comisario, junto al jefe de Sumarios, César Acosta, salieron en un patrullero a dar una vuelta. Al hablar puntualmente sobre Franco Casco, tanto Álvarez como el fiscal Álvaro Campos -el primero en intervenir por parte del MPA- tienden las primeras dudas. “En Catamarca y Constitución, si no me equivoco, vemos una persona que está parada al lado de un árbol”, dijo el Comisario. “Estaba sentado en la plaza”, dijo el fiscal. Más allá de la diferencia  en este detalle, lo que llama la atención es que Franco haya sido detenido por estar parado al lado de un árbol o por estar sentado en la plaza.

03

La policía, entonces, dijo que Franco se resistió a ser interrogado y que amenazó con tirarles una piedra y que luego se trenzaron en un forcejeo. “Yo termino con el portapresilla de la camisa suelto y la manga arrancada”, dijo Álvarez. Luego de ese entrevero detuvieron a Franco. El fiscal Campos, por su parte, dice que dio la orden de la detención por el intento de agresión al comisario y no por la sospecha de la que había hablado el vecino. Según la policía, cerca de las 16 de ese día Franco fue revisado por la agente médica María Zelaya, y en un supuesto informe se lo señala de estar “desorientado en tiempo y espacio”. Luego aseguran que le dieron la libertad por orden de la Fiscalía, que intentaron llevar a Franco en el patrullero hasta Empalme Graneros y como el chico no sabía ubicarse lo llevaron nuevamente a la comisaría para liberarlo cerca de las diez de la noche.

Por su parte, la hipótesis que maneja la querella no solo difiere de la policial en cuanto a la fecha de lo sucedido, sino que prácticamente todo el relato policial es puesto en dudas. La única coincidencia para esta parte es que Franco estuvo detenido en la 7ma. “A Franco lo levantaron en la zona de la terminal, lo llevaron a la 7ma, lo golpearon, lo torturaron, lo mataron a golpes y lo tiraron al río”, dice Vallet. “Nuestra teoría del caso es que Franco fue desaparecido el 6 de octubre, que lo mataron esa misma noche, después fue llevado a algún lugar y arrojado muerto al río”, agrega. Esto, asegura, está basado en pruebas suficientes para considerar el hecho como desaparición forzada de persona.

Un punto fuerte en la investigación de la querella parecen ser las irregularidades y debilidades de la versión policial. Por un lado el acta de procedimiento de la 7ma, en la que hay una firma de Franco que su propia madre reconoció como falsa y sobre la cual se esperan los resultados de la pericia caligráfica, solicitada en 2014. Por otro lado, la información del GPS del día 7 de octubre que arroja el patrullero en el que supuestamente intentaron llevar a Franco a la casa de su tía. El informe dice que el auto giró por las calles Cafferata, Tucumán, Francia, Brown, Suipacha, Richieri, Del Valle, Güemes, Túnel Escalada, Lagos, Jujuy, Salta, Catamarca, Alsina y Bordabehere hasta que volvió a la Comisaría 7ma, ubicada en Cafferata 342. Es decir que no se acercó ni un poco a Empalme Graneros, y más bien el informe del GPS responde a un patrullaje de rutina. “Lo que dice el GPS y el relato que hace la comisaría 7ma es totalmente incongruente”, analiza Vallet.

Las declaraciones de la médica Zelaya también son un punto de cuestionamiento a la versión policial. “Ella declara lo que se debería hacer pero no lo hace, el informe dice que Franco estaba desorientado en tiempo y espacio, que no hablaba, pero otros policías dicen que hablaron con Franco, que dijo su nombre y sus datos de Buenos Aires”. Incluso sospechan que el informe de Zelaya sea falso. “Estuvo en varias comisarías en término de quince minutos”, dice Vallet al respecto. En sus declaraciones en octubre de 2014, Zelaya no aseguró nada de lo que supuestamente firmó aquel día. “No recuerdo”, fue en varias ocasiones su respuesta.

Por otro lado, el examen médico que comprobó que Franco fue arrojado al río sin vida, y el informe de la junta médica que constata que al cadáver le faltaban sus dientes frontales superiores, abonan a la versión de golpes y torturas hasta la muerte. Más de treinta internos detenidos en el penal 1 de la 7ma, durante los días 6, 7 y 8 de octubre de aquel año, fueron entrevistados. De esos testimonios no solo se desprende el recuerdo de un ingreso seguido de golpes y gritos en otro espacio de la comisaría, sino también que en los días posteriores, luego de que se difundiera en las noticias la búsqueda de Franco, en la comisaría cortaron el cable, y se cambió el trato con los presos. Según Vallet, de estas declaraciones, además, se evidencia un “modus operandi” de la policía en la Comisaría 7ma. “Era una guardia que golpeaba, siempre se escuchaban golpes, de pibes y pibas. Los testimonios hacen la relación de que como es zona de la Terminal, los fines de semana sobre todo entraban a la gente ebria como algo habitual. Torturas, engrillar a los presos, golpes y verdugueos, son los puntos en común de un modus operandi que nos va a ayudar a acreditar lo que sucedió”, cuenta el abogado.

“No hay nada raro acá”. “Nosotros mismos fuimos los que pusimos en conocimiento que esa persona estuvo detenida ahí cuando lo podíamos haber negado. No hubo más que buena voluntad”. “Yo soy el principal interesado de que el muchacho aparezca. Tengo que tratar de encontrarlo más allá de este caso particular porque están cuestionando la dependencia que yo dirijo”. Esas fueron algunas de las palabras del entonces comisario de la 7ma, Diego Álvarez, cuando declaró en octubre de 2014. Hoy, continúa libre y trabajando en la seccional 13 de la localidad de General Lagos.

Responsables sin gorra

“Será trabajo de la Multisectorial y nuestra ver cuál es el grado de responsabilidad política entre que Franco desaparece con vida y aparece muerto”, dice Vallet. La Multisectorial por Justicia por Franco Casco está integrada por organizaciones sociales, políticas y sindicales que acompañan a la familia del chico desde un primer momento. Desde este espacio apuntan a la responsabilidad de distintos sectores del poder político y judicial.

Por un lado, se cuestiona al entonces secretario de Control de las Fuerzas de Seguridad, Ignacio Del Vecchio, quien en los días en que Franco era buscado, adhirió públicamente a la versión policial que decía que Franco había sido visto mendigando en una iglesia ubicada en Caferatta al 500, cuando en realidad ya hacía mínimo diez días que estaba muerto en las aguas del Paraná. Por otro lado, se señala al Ministerio Público de la Acusación, puntualmente al fiscal Guillermo Apanowicz, quien también por aquellos días no cuestionó el relato de la policía. “Los primeros indicios de investigación formales que hizo la Fiscalía tienen fecha el 24 de octubre. Esos son los primeros oficios donde la Fiscalía activa la investigación. Del 8 al 24 de octubre pasaron dieciséis días sin que se investigue”, sostiene Vallet. “Nunca se creyeron que iba a pasar lo que pasó, y ellos son el Estado. Son los que tienen que responder”, advierte.

Incluso la intervención del Instituto Médico Legal es cuestionada. Al igual que como sucedió con la autopsia de Gerardo Escobar, otro de los jóvenes asesinados y arrojados al río en hechos en que se señala a la policía, se apunta contra el médico forense Raúl Rodríguez, ex empleado de la policía. “La autopsia fue deficiente e incompleta de acuerdo a la opinión de otros médicos que intervinieron en la causa. Está plagada de errores y objeciones”, afirma Vallet.

Por estar

En agosto pasado murió Elsa Godoy, la mamá de Franco Casco. Había decidió instalarse en Rosario. “Hasta que se haga justicia”, le había dicho a enREDando en más de una ocasión. Pero se tuvo que volver. Por la angustia, por su salud afectada por el Mal de Chagas, y porque no había logrado instalarse en Rosario como esperaba. Faltó la contención del Estado, un trabajo, y sobre todo la tranquilidad de ver avances en la causa que investiga el crimen de su hijo. Pero, en poco más de un año y medio Elsa encabezó –sin querer, porque aseguraba que no quería ser referente de nada- parte de la pelea que hoy acerca a que los policías de la Comisaría 7ma sean llamados a indagatorias. Incluso, según analiza Vallet, las primeras intervenciones de la familia Casco fueron fundamentales: “Jugó mucho la rapidez que tuvo la familia, en presentarse el día 8 en la Comisaría 20 y después en la 7ma. Esa inmediatez fue determinante porque hizo apurar a la policía en construir un relato ficticio, que más o menos cierra, pero que tiene muchos errores”.

img_1326

Elsa, mientras pudo, intentó que Franco no sea solo un pibe más de los que se acumula en las largas listas de las víctimas de la violencia institucional en democracia. También Ramón, el papá de Franco, y el resto de la familia. Sus testimonios pudieron reconstruir parte de los últimos días de la vida del chico. Lo mencionan como un pibe callado, que le gustaba mirar y jugar futbol. Mientras estuvo en Rosario salió poco y nada, la mayoría de las veces a hacer mandados a la esquina. Pasaba el rato con su primo Rubén y extrañaba a su familia. Aunque Elsa le insistió en que se quede un tiempo más, porque la familia pensaba pasar las fiestas en Rosario, él quiso volver a Florencio Varela. Salió de su casa con cien pesos, que alcanzaban para el pasaje en tren y apenas algo más, con su mochila con algo de ropa y cualquier pensamiento menos el de la muerte.

En las primeras declaraciones tomadas a la familia Casco, les preguntaron si Franco se drogaba y si había tenido problemas con la policía en Buenos Aires. Su madre y su padre contaron que se fumaba algún cigarro de marihuana, y que solo había estado dos veces en la comisaría de Varela, por una pelea en la escuela y otra porque llevaba un par de cubiertos cuando volvía de comer un asado y fue detenido. Por joven y pobre Franco ya había conocido la experiencia de ser requisado en la calle. Como también sus hermanos, que cuando vivieron unos meses en Rosario para acompañar a su madre fueron requisados por la policía cuando volvían de la escuela. En estos dos años, hay pocas cosas que están bien claras. Una de ellas es que, antes de aparecer muerto, a Franco se lo llevó la policía. Por estar en una plaza, por estar parado al lado de un árbol. O, simplemente, por estar.

Este jueves 6 de octubre la Multisectorial por Justicia por Franco Casco encabezará una actividad en conmemoración del segundo aniversario de la desaparición y asesinato de Franco. Desde las 18 horas, en Oroño entre Rioja y San Luis, frente a los Tribunales Provinciales, se realizará un festival, con la lectura de un documento y la participación de bandas invitadas. Click acá para ver el evento.

enredado.org

No hay comentarios:

Publicar un comentario