Vecinos de la localidad bonaerense de Florencio Varela están indignados por la desidia del municipio que hace 22 años no soluciona el problema de desagüe en la zona. Viven entre la basura.
En el barrio Dante Ardigó, de la localidad bonaerense de Florencio Varela, a los vecinos los invade la desesperación de convivir desde hace mucho tiempo con un caudal de agua estancada que supera los cien metros de extensión en las jornadas de lluvia y que habitualmente ocupa la mitad de una cuadra. También los aqueja la angustia, puesto que sus pedidos de obras, que de tanta insistencia se tornaron en reclamos, no son escuchados por las autoridades municipales y, por lo tanto, muchos de los residentes de la zona ya se han resignado a vivir en un lugar inaccesible y con una contaminación cada vez más grave.
La cita con los vecinos era en la esquina de Santos Vega y Ombú, en el barrio Km. 26,700 de Ingeniero Dante Ardigó, sin embargo, los últimos 50 metros se convirtieron en una odisea, que implicó saltar charcos y caminar pegado a los frentes de las casas, para no ser alcanzados por el agua que se acumula en gran cantidad, ante un sistema cloacal tapado por los residuos de la zona.
“Esto viene de hace 22 años, cuando se construyó un asentamiento cercano y cerraron el canal al arroyo Las Piedras”, informó Claudia a Crónica, mientras su mamá, Andrea, expresaba con ironía: “Es un lujo esto, tengo una piscina en la puerta de mi casa”. La mujer se refiere al espejo de agua contaminada, foco infeccioso en el que se advertían peces, reptiles y hasta los moradores aseguraron que allí han encontrado un feto.
Sin embargo, no recibieron respuestas satisfactorias desde el municipio de Florencio Varela, a pesar de que “hay un expediente aprobado por el Concejo Deliberante”. “Pero nos dijeron que sólo se presentó una empresa, cuando tiene que haber tres en la licitación y entonces la obra quedó en la nada”, señaló Gladys.
Sólo para amigos
En la ausencia de acciones y de la atención que debe recibir todo vecino con urgencia de obras en las inmediaciones de su casa, radica su desazón. “Lo que más nos duele es que muchos funcionarios son del barrio, se criaron acá y miran para otro lado, no nos escuchan”, dijo, elocuente, Rodolfo. Por su parte, Zulema recordó que “el intendente se comprometió antes de las elecciones, cuando estaba de campaña, a que él mismo iba a venir para ver la situación y asfaltar la calle, pero nunca vino”. En relación con ello, Claudia agregó: “Nos sentimos discriminados porque si no estás con el intendente no atienden nuestros reclamos. En cambio en la otra cuadra vive un concejal amigo de él y enseguida le repararon la calle. Pero el resto del barrio es una mugre”.
Frente a semejante desamparo, si bien mantienen firmes sus protestas exigiendo la construcción de una nueva red cloacal, también sienten que están condenados a seguir conviviendo con “la laguna”.
cronica.com.ar

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