viernes, 4 de diciembre de 2015

Penjerek, primer caso mediático de la Argentina

Por: Paulo Kablan

En el frío mes de mayo del año 1962, una adolescente salió de su casa de Floresta para ir, en colectivo, al departamento donde estudiaba inglés. Poco después de las ocho de la noche la esperaban sus padres para cenar. Jamás regresó. Así nació uno de los mayores misterios de la historia penal argentina y el primer gran caso mediático del país.

El nombre Norma Mirta Penjerek sobrevivió muchos años y le ganó al olvido. Hoy en día, más de medio siglo después, son pocos los que preguntan de quién se trata cuando se la menciona. Pero la historia, plagada de marchas y contra marchas, quedó como un crimen impune.

Norma Mirta cursaba el secundario en el Liceo de Señoritas. El 29 de mayo salió poco antes de las 19 y abordó un colectivo a metros de su casa, en Juan Bautista Alberdi 3252. Tuvo la clase de inglés con la docente Perla Stazauer de Priellitansky. En la casa de Floresta la esperaban sus padres, Enrique Penjerek y Clara Beitman.

Después de la medianoche, el padre, que era un dirigente de la comunidad judía de Buenos Aires y empleado municipal, se presentó en la comisaría 40. No hicieron nada por esa familia. Una semana después, los padres optaron por publicar una solicitada en los diarios. El caso, desde ese momento, se hizo visible para la sociedad.

Enrique y Clara, desesperados, siguieron pistas falsas aportadas por personas que se acercaban por interés. Así fueron pasando los días hasta que, en el mes de julio, fueron informados de que habían encontrado el cadáver desnudo y semienterrado en un terreno de la Universidad Nacional de La Plata, en Llavallol. Tenía un corte en el cuello y había sido estrangulada. La identificaron por una huella dactilar y la ficha odontológica.

De ahí en más, la causa fue sumando testigos plantados, declaraciones arrancadas con torturas, amenazas y versiones disparatadas. Fue tan engorroso el expediente que pasó por varios jueces y terminó, como se dijo, impune.

Una joven de 23 años, llamada María Sisti, dijo, cuando la demoraron en Constitución por prostitución, que ella tenía algo para contar de Norma Penjerek. Mencionó al zapatero Pedro Vecchio, que tenía un conocido comercio a metros de la Estación de Florencio Varela, y a Laura Muzzio de Villano. Dijo que el hombre, en un auto Kaiser Carabela, raptaba chicas y, con Laura, las entregaban en fiestas sexuales que se hacían en Bosques, cerca de La Plata. Que en una fiesta la habían matado.

Hubo algunos datos más. La Policía le llevó al juez otras tres trabajadoras sexuales que aportaron datos similares y, encima, Vecchio, un viudo que criaba solo a sus dos hijas, había desaparecido, estaba prófugo. Desde el negocio de la prostitución hasta una venganza nazi, todas fueron hipótesis que se investigaron.

Lo cierto es que en setiembre Vecchio se presentó y juró ser inocente. Después, la testigo estrella, María Sisti, se desdijo: vivía en una pensión de un tal Fernández, un fotógrafo que era enemigo de Vecchio y, aparentemente, había inventado todo. Los acusados fueron sobreseídos y, tras varias idas y vueltas, el expediente se cerró para siempre.

ambito.com

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