Como jugador fue un profeta de tierras recónditas. Por su hermano (ídolo de San Lorenzo) desarrolló el oficio de preparador de arqueros, que hoy ejerce felizmente en Huracán. Sí, nada menos que la vereda opuesta del Cóndor.
El 9 de julio próximo, Leonardo dejará el equipo de los solteros: contraerá matrimonio con Natalia, a quien conoció en Florencio Varela cuando trabajaba en el cuerpo técnico de Diego Cocca, en Defensa y Justicia. “Me enamoró no sólo físicamente, sino la persona. Me bancó siempre”, cuenta feliz el Chavo.
El entrenamiento era parte de la rutina diaria, casi una obsesión por el perfeccionamiento. Aquellas sesiones de 'peloteo' eran similares a las de un fusilamiento.
“Pim, pam, pum, booom”, sonaba el balón cada vez que partía desde los botines de los ejecutores. La exigencia era cada vez mayor. Eran horas y horas de ejercicio (pre y post entrenamiento). Hasta el predio de Marista o Liceo -donde autorizaran- se trasladaba diariamente el grupo de amigos del barrio. Un elenco elenco protagónico solía variar, aunque su columna vertebral era casi siempre el mismo: Sebastián y Leonardo Torrico, Diego Próspero y Pablo Jofré.
En aquél tiempo, el defensor central -por entonces en Andes Talleres- exigía duro a su hermano y compañero en el Matador (“para que no se comiera goles el domingo”). Fue, ni más ni menos, que la Aquella resultó la génesis de la actual profesión del Chavo.
-¿Cómo es esto de ser entrenador de arqueros sin haber atajado nunca (NdR: fue marcador central)?
-Porque fue una posibilidad que casi siempre lo manejé en mi carrera de futbolista. Me motivó el hecho de haber ayudado a entrenar durante mucho tiempo a mi hermano.
Cuando estuve en Zaragoza, España, hice el curso de entrenador de arqueros y después me fui perfeccionando con gente que conoce el puesto. Mis maestros fueron José Luis Sallei, a quien respeto mucho como persona y profesional, Juan Carlos Docabo y Gustavo Campagnuolo.
-¿Quién te dio la posibilidad de mostrar tus dotes?
-Sergio Carrizo, a quien le estoy muy agradecido y le tengo un gran cariño. Me llamó para trabajar con el Indio Ortiz en Boca Unidos de Corrientes. En ese momento yo estaba terminando de jugar en Montecaseros, pero no dudé.
-Y ahí te largaste...
-Sí, después trabajé como entrenador de arqueros y ayudante de campo del “Toti” Arias en Gimnasia, donde logramos cosas importantes. Luego a Defensa y Justicia, con Diego Cocca y Darío Franco. Posteriormente surgió la chance en Barcelona de Guayaquil, donde fui parte del cuerpo técnico del uruguayo Rubén Israel. De allí a este presente en Huracán con Eduardo Domínguez.
-¿Quién es el crack de los entrenadores de arqueros?
-Cada uno tiene su manera de trabajar. Yo respeto mucho a todos porque de cada uno se puede aprender. Tengo mucha confianza con Gustavo Piñero, el entrenador de arqueros de la Selección Argentina, quien me aconsejó mucho.
-Te ha tocado entrenar a excelentes arqueros...
-Me pone muy contento que a los arqueros que uno humildemente ha entrenado les haya ido bien. Tuve la posibilidad de entrenar a Matías Alasia, Sessa, Arias, Pellegrino, que luego se fue a Banfield y ahora está en Arsenal. Para mí hoy es un orgullo que hoy por hoy Marcos Díaz esté en los planes de River.
-¿Quiénes son los mejores arqueros a tu criterio?
-En Argentina, Barovero, Saja, Marcos Díaz y mi hermano. En Europa, Keylor Navas, Oblak, Neuer, Buffon. Y de Mendoza me gusta Pelayes, Aracena, Gonzalo Gómez y mi amigo Martínez Gullotta, a quien tuve en Boca Unidos.
-¿Alguna vez pensaste en entrenar a tu hermano?
-Siempre. Trabajar con Sebastián sería cumplir un sueño. Está claro que hoy en San Lorenzo no pudo dirigir. Pero a Seba le quedan tres o cuatro años más de carrera y después seguirá su camino. Yo tengo que seguir perfeccionándome para mantenerme en el fútbol de Primera, que es muy competitivo.
-¿De qué manera te perfeccionás?
-Hablo con distintos entrenadores de arqueros y también con los arqueros para encontrar soluciones a alguna jugada o un trabajo para evitar que sea gol. También miro muchos videos y compro algunos de la escuela europea.
-¿Cómo es tu relación con Eduardo Domínguez?
-Muy buena, tenemos una relación de mucho respeto. Se ha creado un grupo de trabajo con una idea que inició él a través del respeto hacia el trabajo y el profesionalismo que nosotros respaldamos.
-¿Huracán es el sexto grande?
-Sí, yo no tengo dudas de que Huracán es un club muy grande. Mirá que cuando llegamos, todo era incertidumbre. Era una parada sumamente difícil. Hoy, de los cuatro costados aplauden al DT y a los jugadores. Huracán se ha posicionado nuevamente en un nivel importante.
El accidente en Venezuela
El 10 de febrero de este año, Leo fue protagonista de un accidente que conmocionó a todo el mundo del fútbol. El micro que trasladaba al plantel de Huracán hacia el aeropuerto de Caracas para regresar a Buenos Aires, tuvo una falla en los frenos y se dirigió a una rampa, pero al momento de detenerse volcó en la autopista. Si bien la mayoría de los jugadores resultaron ilesos, Patricio Toranzo y Diego Mendoza, fueron los que peor la pasaron. Por poco no termina en tragedia.
-¿Cómo fue padecer ese accidente en Venezuela?
-Fue una situación que no se la deseo a nadie.
-¿El colectivo no estaba en condiciones?
-Ese fue un error nuestro, que pensamos que el colectivo estaba bien. Sin embargo, pasó lo que pasó.
-¿La sacaron barata?
-Sí. Fueron casi dos minutos de bajar a una gran velocidad y sin frenos. Si el chofer no agarraba esa vía de escape, ya no había salida, íbamos a terminar cayendo al precipicio o impactando contra algo. Lamentablemente, cuando hizo la maniobra para ingresar a la ruta de escape, después no lo pudo controlar y por eso el colectivo terminó volcando.
-¿Cómo se comportó la gente del lugar?
-Muy bien, gracias a Dios. En ese momento estábamos solos, pero las ambulancias llegaron rápido y nosotros fuimos los que tratamos de sacar a los jugadores del colectivo.
-¿Te pasó algo?
-Me corté un pedazo del dedo del pie, pero fue mínimo al lado de lo de Toranzo, a quien le vi el pie apenas se cortó y se veía que perdía mucha sangre.
Ya en el hospital, en un primer momento le querían amputar el pie. Entonces, el médico con buen tino dijo que había que limpiarlo, cerrarlo y llevarlo a Argentina. Hoy podemos contar que Pato volvió a jugar y a Diego (Mendoza), que tuvo un corte con pérdida de una parte del talón, le realizaron una cirugía plástica. Gracias a Dios, ambos están recuperados y sin secuelas.
-Eso los perjudicó futbolísticamente…
-Sí. Toranzo y Mendoza estaban en un gran momento y con ellos hubiésemos tenido un poco más de recambio. Ahora hay que pensar en hacer una buena pretemporada, recuperarlos al ciento por ciento. Igualmente, fue un semestre positivo tanto a nivel grupal como personal.
Ese ángel que los alumbra desde el cielo
Dentro de un par de meses se cumplirá un año de la peor noticia para la familia oriunda del Barrio Supe de Carrodilla, Luján de Cuyo. El 24 de agosto de 2015, luego de una semana de vida, Justino se convirtió en un ángel para Sebastián, su esposa Belén y sus hermanos Juanse y Juliana.
Leonardo no se olvida de aquel momento en el que todo el mundo del fútbol se solidarizó con su hermano: “Cuando falleció mi sobrino, en el partido que jugamos contra River, la gente del Globo puso una bandera que decía ‘Fuerza familia Torrico’ y el día que jugamos el clásico contra San Lorenzo, la hinchada de Huracán aplaudió a mi hermano. Fueron gestos que nos ayudaron a salir adelante”.
El 9 de julio próximo, Leonardo dejará el equipo de los solteros: contraerá matrimonio con Natalia, a quien conoció en Florencio Varela cuando trabajaba en el cuerpo técnico de Diego Cocca, en Defensa y Justicia. “Me enamoró no sólo físicamente, sino la persona. Me bancó siempre”, cuenta feliz el Chavo.
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